El Chavismo Militarista y el Islam Terrorista arrinconan al tibio liderazgo civil venezolano

 

 


El Chavismo Militarista y el Islam Terrorista arrinconan al tibio liderazgo civil venezolano

Por Virgilio Reyes Pineda

No cabe duda de que si se quiere desnudar al Chavismo para evitar que nuevamente en el futuro se llegue a un nuevo desastre, pues hay que conceptualizarlo. Es la manera racional de hacerlo. Si nos enfrentamos a un enemigo debemos saber a ciencia cierta de qué está hecho ese enemigo, de qué se alimenta, y cómo fue que no se pudo detenerlo a tiempo antes de que nos destruyera.

Es decir no sólo conceptualizarlo a él orgánicamente, sino que debemos conceptualizarlo con nosotros a su alrededor, porque al fin y al cabo, nosotros, por nuestras acciones o por la falta de ellas, lo dejamos que naciera, que gateara, lo alimentamos, creció, se multiplicó, a algunos les intentó freír las cabezas en aceite, a otros los ultrajó, se burló de ellos, los torturó, les quitó todas sus pertenencias de valor, los expropió, y les intentó sacar el alma. Pero no pudo seguir impune, porque dijimos “YA BASTA”, y el Chavismo se está derrumbando, pero si no lo anulamos inteligentemente, puede volver a surgir.

Por otra parte, en esa conceptualización debemos también recordarnos de todas las alianzas que el Chavismo utilizó para crecer su poder sobre nosotros. El Chavismo no tuvo la fuerza original de los votos de la totalidad abrumadora de venezolanos, sino que por el contrario y paradójicamente obtuvo los votos y el apoyo de los “intelectuales”, los “notables”, es decir de una élite poderosa de gente con mucho dinero y ambiciones de que siguiera la fiesta del derroche de dinero del petróleo. Pero ese fue el origen.

Luego el Chavismo oteó en el horizonte y ya infectado por el virus de Fidel Castro, cuando éste le ordenó recitar la descompuesta y nefasta frase de “juro ante esta moribunda constitución”, pues se asoció con todos los posibles enemigos de la Venezuela que no votó por él, para aplastar su llama de Libertad. Fue así como se juntó con todos los enemigos del pueblo escogido por Dios y les abrió las puertas del poder para que se infiltraran en el subsuelo venezolano hasta llegado el momento oportuno. De esa forma el Islam acecha y espera el momento para acabar con el legado de nuestra religión Judeocristiana, y más específicamente con nuestro adorado catolicismo. Vean ustedes como subrepticiamente el Régimen de Maduro de vez en cuando coloca en sus transmisiones de televisión a una mujer musulmana a realizar la traducción al lenguaje de signos manuales para sordos, además de la invasión de los Tarecks en la palestra pública.

Entonces, ¿Qué es el Chavismo? ¿Qué representa el Chavismo en nosotros los venezolanos? ¿Lo podemos acabar si lo dividimos en cada una de las partes que lo componen? ¿En qué parte de nuestra historia nació el Chavismo? ¿En qué fallaron los líderes civiles para permitir que los militares ultrajaran su puesto en la historia venezolana? ¿Porqué si amamos a la democracia, no fuimos capaces de detener este desastre?

Pudiéramos comenzar por intentar definir al Chavismo como lo conocemos en la actualidad en el 2024, después de que en 25 años nos destruyó a nuestro querido país. Esta definición de Chavismo que intentamos enunciar puede ser diferente a la definición de Chavismo que se enunció en 1999 cuando Hugo Chávez oficialmente asumió el poder. Seguramente que lo es. Es diferente, pero nos interesa la definición actual, la definición que contiene muertes, tortura, violaciones, despilfarro, terror y corrupción.  Es la definición del Chavismo que orgullosamente se define así misma como un régimen que causó en sólo 10 años más de 43.000 violaciones y torturas, además de 10.086 asesinatos perpetrados por agentes de seguridad del Estado.

El Chavismo en el 2024 pudiera ser definido como un estado mental maligno, pensado por élites políticas civiles e instrumentalizado por militares, que se apropia de los tormentos de la gente menos agraciada para azuzarla con resentimiento y demagogia con la finalidad de enriquecer a las nuevas élites civiles y militares, mientras a cuentagotas distribuye unas dádivas, pero sin proporcionarles medios de sustento a través de su trabajo y esfuerzo de manera que los menos agraciados continúen sumergidos indefinidamente en su desgracia y no puedan derrumbar el sistema. A sabiendas que el odio y el resentimiento no son suficientes para doblegar a la parte de los venezolanos que anhela el retorno a la libertad y la democracia, acude a las fuerzas oscuras del mal representadas en el Islam extremista y terrorista.

O sea que el Chavismo se alimenta de la desgracia de la gente común, como primer elemento. Es ideado por políticos civiles e instrumentalizado por militares, formando ambos una élite privilegiada que necesita que las botas, tanquetas, y esbirros torturadores militares aplaquen cualquier intento de disidencia del sistema maligno. Segundo elemento. Es una organización criminal transnacional que para permanecer en el poder corrompe a todo el país y comete todo tipo de crímenes de lesa humanidad y necesita que los Magistrados, Jueces y Fiscales abusen de la autoridad. Tercer elemento. Mantiene una fuerte alianza con el Castrismo y el Islam, el primero le dicta la pauta sobre cómo doblegar a la disidencia a cambio de petróleo y recursos. El segundo, se proyecta como la religión que puede intentar derrotar al Catolicismo para sacarle el alma misericordiosa a los venezolanos y someterlos más fácilmente para que se entreguen en los brazos del poderoso y omnipotente Estado, tal y como lo lograron en Cuba. Muchos no se atreven a imaginarlo a pesar de que por un lado un Tareck El Aissami con una sonrisa macabra nos roba una inmensa fortuna mientras fue puesto a propósito a manejar las cuentas de PDVSA, y el otro; el funesto Tareck Saab con una trompa papiada y tatuajes extraños enjuicia y condena de una vez por televisión a quienes no puede alcanzar en el exterior, mientras que a los que logra alcanzar, los pone a leer un guion acusatorio. Esos dos personajes representan al Islam, y ya escalaron hasta lo más alto del gobierno venezolano.

El cuarto y último elemento, es el imperio de la Ley. (Hay más, pero estos son en la teoría de Pareto 80/20, aquél 20% que nos dará el 80% de ganancias). Este elemento es quizás el más importante porque de él dependerá que salgamos del fondo del cráter y si somos afortunados al comprenderlo quizás impediremos que ningún otro farsante civil o militar nos lleve al desastre nuevamente. Como lo establecen las reglas de los juicios por lesa humanidad, las penas para los jueces y fiscales son doble, porque ellos conscientes de la ley, la ultrajaron y se beneficiaron de ello.

En suma, estos son los elementos constituyentes del Chavismo:

1.    El tormento de los pobres. Se alimenta de la desgracia de la gente común en un sistema ideado por civiles e instrumentalizado por militares con el propósito de mantener atormentados a los pobres y aterrorizados a los disidentes.

2.   Los jueces corruptos. Se nutre de la corrupción generalizada y el crimen transnacional y para ello es indispensable corromper a los Magistrados de la Corte, los Jueces y Fiscales del Ministerio Público.

3.     Castrismo e Islam. Desde la Habana y Teherán se dicta la pauta y el terror para subyugar la mente de los venezolanos y alejarlos de su conceptualización de la familia como el centro de gravedad de la sociedad mediante la misericordia propia del catolicismo. El propósito es suprimir todas las barreras mentales que indirectamente sujetan a los venezolanos al capitalismo occidental y al modo de vida y costumbres venezolanas y de esa forma hacer más fácil el camino para que dejen que sea el Estado el que les proporcione la “felicidad”. El Castrismo fusiló en el Paredón a la esperanza de libertad y los cubanos pasaron directamente de una dictadura al comunismo y socialismo. Los cubanos no saben lo que es votar en democracia. El Islam es inmisericorde con la familia, con la mujer y con los niños, se nutre del odio y del rencor. Tanto en la Habana como en Teherán, sólo las élites tiránicas son felices.

4.     La ausencia de ley. Si volvemos a perder la oportunidad de colocar al cumplimiento de la ley por encima de la política y del militarismo, habremos arado en el mar nuevamente. Tenemos a 2000 generales y almirantes con un séquito de coroneles y tenientes coroneles manejando 907 empresas del Estado. Enriqueciéndose a cambio de lealtad a Maduro. Llegamos a este extremo de la relación civil-militar por tantos errores cometidos a partir del 18 de octubre de 1945 cuando Rómulo Betancourt del Partido Acción Democrática de Izquierda (ADI) dio un golpe de Estado junto con el mayor Marcos Pérez Jiménez al gobierno de Isaías Medina Angarita. A partir de ese nefasto día comenzó la hegemonía ideológica de izquierda de dos partidos cuya única diferencia era que uno de ellos era cristiano, cosa insignificante en un país mayoritariamente católico.

Se puede concluir que el liderazgo de los civiles venezolanos en la política ha sido tibio, soberbio, e inescrupuloso por su incapacidad de liderar con el ejemplo en el cumplimiento de la ley por sobre todas las cosas de manera de imponerse con el ejemplo sobre los militares. Esta incapacidad de los líderes civiles de someterse ellos y a la política misma al imperio de la ley de manera que hasta los militares la obedecieran es el grillete que no permite a la política venezolana avanzar. Todos los esfuerzos por muy buenos e intencionados que sean terminan todos bajo una espesa sombra de corrupción e ineficacia administrativa.

Un nuevo paradigma civil-militar y pensado críticamente por el liderazgo civil debería comenzar por desmontar la semiótica que mantiene a los políticos civiles temerosos ante las botas y sables militares:

1.     Confundimos soberanía con defensa nacional al escribir en la Constitución que los militares son los garantes de la soberanía nacional.

2.      Confundimos a las Fuerzas Armadas Nacionales cuando se les indica en la Constitución que deben ser garantes de la independencia nacional, cuando la independencia es un hecho histórico acontecido hace mas de dos siglos.

3.    Confundimos al estamento militar cuando en la Constitución se les asigna a los militares la responsabilidad de contribuir al desarrollo del país.

4.      Confundimos a los militares cuando en la Constitución se les indica que deben cooperar con el orden interno, lo que se traduce en el orden público e implica el exabrupto de tener a la Guardia Nacional Bolivariana atropellando con tanquetas y asesinando a manifestantes civiles con disparos certeros de bombas lacrimógenas.

5.      Permitimos que los militares se adueñen de la celebración del 5 de julio como la fiesta patria de Independencia de España, cuando ese día no ocurrió ninguna batalla, y además se escoge como el día de los ascensos militares como si ese acto administrativo sea también una fiesta nacional.

6.   No destacamos con principios legales constitucionales y de asignación de recursos a las Fuerzas Armadas Nacionales como ejecutores del honor y privilegio de conducir la tarea de la defensa nacional. Esta debe ser la única tarea asignada a las FAN y para ello, deben recibir todos los recursos materiales y humanos que sean necesarios para su cumplimiento.

Venezuela se abrirá paso hacia el futuro cuando el imperio de la ley logre poner en su sitio histórico referencial y no determinista a la heroica gesta libertaria de Simón Bolívar y a la epopeya de las batallas de la Guerra de Independencia de España. Venezuela se forjó por sus batallas, pero aún está por forjarse su democracia sobre los valores y principios que sólo pueden prevalecer si todos respetan la ley, no solo el pueblo común, sino los mismos políticos civiles y más aún los militares. Para ello, debemos liberar de la cárcel de la historia a nuestro primer preso político, Francisco de Miranda, entregado por Simón Bolívar en representación de las élites caraqueñas a sus perseguidores del Status Quo monárquico. El Hijo de la Panadera traía consigo de su experiencia anglo sajona, el principio del imperio de la ley por sobre todas las cosas. Es pues llegado el momento de abrazar la libertad, no para hacer lo que nos venga en gana, sino por lo que debemos hacer porque está escrito en la ley. El fin del ciclo político chavista es el momento más oportuno para hacerlo.

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