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Hurgador de la historia para conocer de ella nuestros crasos errores
Nada es más reconfortante y a la vez, más decepcionante que hurgar en las páginas de la historia y comprobar que nuestros crasos errores tienen un origen en una cierta decisión que aún no siendo comparable a las circunstancias que la originaron, pues la seguimos ejecutando a ciegas como un dogma del cual no nos podremos librar ni en un milenio, a menos que decidamos desnudar la historia que nos han contado. Se trata de la decisión de pasar por alto lo bueno de la ilustración sobre los derechos del hombre, y por el contrario, continuar con el atraso monárquico absolutista como norma para la conducción de la nueva nación. La tozudez de no reconocer las razones sociopolíticas por las cuales los Estados Unidos de América se estaba convirtiendo en un gigante, y que había que diferenciarse de él siendo más románticos y rebuscados en nuestro lenguaje y artes, es la paradoja más absurda que he encontrado entre líneas en tantos escritos sobre lo ibérico de nuestro origen. Desechamos los avances que nos trajo Francisco de Miranda, el hombre ilustrado, y por el contrario adoptamos el autoritarismo de El Libertador Simón Bolívar, quien nos dio la libertad por las batallas militares, pero lamentablemente no quisimos forjar la democracia sobre el crisol de la ley por igual para todos. Los grupos de poder de ese entonces impusieron la continuidad del feudalismo y el absolutismo, sobre la ilustración, la modernidad y la república. Por eso ocurrió a mi entender nuestro primer golpe de estado, cuando Bolívar, representado a las élites, destituyó a Francisco de Miranda, y lo entregó como el primer preso político, a los monárquicos, quienes lo perseguían desde hacía más de veinte años, para acallar sus ideas, y así, impedimos que el liderazgo de los civiles se fortaleciera y se impusiera a la épica militarista mediante la adopción de la ley por igual para todos. Escogimos el autoritarismo vertical. De esa forma llegamos al Chavismo, que también es absolutista, pero con diferente cachimbo, o peor aún, con un mal habido habano.
Capitán de Navío, de los de
antes
Entregué 30 años de mi vida a la
Armada de Venezuela, luché por ella dando los mejores años de mi juventud, a
cambio, me eduqué, formé una familia sana, conocí varios países y ayudé a
educar a muchos otros jóvenes que comenzaban su carrera profesional o que
estaban ya a punto de escalar posiciones de alto liderazgo. Pero cuando mi
adorada Armada de Venezuela cambió y se arrodilló ante el Chavismo y el
Castrismo, decidí mirarla desde lo lejos hasta que reconociera a los hijos que
abandonó por irse de aventuras con el comunista que la embarazó y que le hizo
parir hombres deshonestos a quienes yo una vez consideraba hermanos de sangre,
pero que en realidad son un desperdicio que se ha enriquecido de la miseria y
el tormento de tantas almas que necesitaban coraje, valor, perseverancia y no vulgares
mentiras. Hubo un momento, ya en suelo amigo, pero ajeno y frío, cuando pasé a retiro
en el año 2003, que me dije: Adiós mi Armada de Venezuela, te quiero, pero no
te debo nada y tu no me debes nada, quedamos en paz.
Opositor de todo aquél que abuse
de su autoridad
La experiencia de ser Comandante de un buque de guerra, enseña y doblega las pasiones y emociones. La entrega y sacrificios en
alta mar, cuando nadie te está mirando ni supervisando, te hace reflexionar
sobre el país que quisieras para tus hijos y nietos. Y cuando te das cuenta de
que individuos a quienes admirabas por su tesón, disciplina y valor, se
corrompían ante tus ojos, y lo peor de todo, querían que los acompañaras en su
nueva aventura corrupta, pues es definitivamente decepcionante. Sin ser yo un
hombre perfecto, porque nadie lo es, es un duro golpe saber que muchos de tus
superiores, no todos, pero especialmente aquéllos que blandían su espada
justiciera para cortarle la mano derecha a cualquier subalterno que dejara
alguna tarea sin completar, pues que al final era sólo una coraza que les ayudó
a escalar posiciones de mando tirano y abusivo. Por eso detesto a los
abusadores de autoridad, porque sé que detrás de su abuso no hay fortaleza de
principios, sino grandes debilidades y complejos de inferioridad.
Defensor de las repúblicas
constitucionales
«Un hombre-Un voto» es una verdad
a medias, y conduce a la destrucción de la misma democracia por la sencilla
razón de que la naturaleza humana conlleva el deseo de adquirir más poder, y el
poder enferma. Cuando las mayorías adquieren ese poder, no lo quieren soltar, y
se convierten en una dictadura que no respeta a las voces de las minorías. La
democracia pura de «Un Hombre-Un voto» es un fracaso. Por ello, lo mejor, --sin
ser perfecto-- es la República Constitucionalista, en donde el término
República, significa separación de poderes y en donde todo, absolutamente todo se rige por la ley constitucional.
Pensador sobre el largo plazo
El dogma de que todo debe hacerse
en un plazo de cinco años es otro de los misterios que nos impone unos barrotes
carceleros en nuestros cerebros. Gobierno que llega al poder, lo primero que
hace es botar por la ventana todos los planes y desarrollos que la
administración anterior estaba ya comprendiendo finalmente, pero como se trata
de tu enemigo político hay que desecharlo y comenzar desde cero, mientras los
americanos, a quienes se les consideraba poco románticos y rústicos, han llegado
hasta la Luna y tienen un país que sin ser la perfección, son un modelo de
libertades y logros como nación.
Tengo una propuesta, pero a muchos no les
va a gustar
Hemos llegado al punto de que
reconstruir a un país desecho por las improvisaciones y exabruptos del
socialismo nos va a tomar varias decenas de años, y para hacerlo habrá que
romper los paradigmas y los dogmas más emblemáticos de Venezuela. Se va a
necesitar inversiones privadas como nunca se ha visto en país alguno en este
hemisferio y nuestro Plan Marshal deberá competir con el Plan Marshal
ucraniano. Esas inversiones serán Capitalistas, les guste o no. No existen los inversionistas Socialistas. Lo que quiere decir que habrá que decirle ADIOS al socialismo y la
palabra «Chavismo» encabezará la lista del diccionario de inefabilidades. Lo
mismo les sucederá a los gobiernos de Chile, Colombia y Brasil, cuyos últimos
dinosaurios socialistas llegaron al poder mediante protestas incendiarias alentadas
por el Foro de Sao Paulo, que destruyeron las estaciones del metro, profanaron
iglesias y cuyas aceras de las plazas mayores se llenaron de las celebridades
de la Nueva Izquierda: mujeres desnudas gritando y lanzando gases íntimos como
locas porque querían abortar al futuro de sus países. Pero Venezuela revivirá, y para ello, cansada de socialistas ladrones, parirá capitalistas, liberales de derecha, y por eso, dolerá, y como todo parto, luego del dolor, los niños, crecerán, y lo cambiarán todo, pero esta vez, para bien.
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