Los dinosaurios y el meteorito venezolano

 



Una alegoría al intento de los colaboracionistas en perpetuar el socialismo en Venezuela.

Pero ¿de dónde salió todo esto del empresariado burgués metido en todos los guisos que hacía el Estado venezolano? ¿Se puede reparar? –Le pregunta un hijo a su padre–

Si, se puede reparar, pero será dolorosa la operación.

¿Qué debemos hacer?

–Primero que todo hay que verificar dónde se originó en nuestra historia y ver si las razones por las cuales se actuó de esa manera todavía nos impiden cambiar la estructura socio económica del Estado y sus instituciones, para así resolver el problema.

¿Cómo se le puede explicar este problema en palabras llanas a un joven venezolano que está pasando trabajo y penurias en el Perú, Colombia, Trinidad y Tobago, Ecuador, Argentina, Chile, etc. para poder sobrevivir con su familia?

¿Cómo se le puede decir que es esta una de las causas por las que él tuvo que emigrar para sobrevivir?

–Se le puede explicar usando una alegoría, la siguiente:

–Es como vivir en una casa grande tipo quinta colonial que ha pertenecido a una familia caraqueña desde mucho antes de la Independencia de España, y en donde sus hijos han crecido, se han casado y su descendencia ha disfrutado con alegría, pero no en completa paz, de vivir por generaciones en la hermosa casaquinta.

Pero, alegóricamente, también habitaban en ella desde su construcción en el Siglo XVII, papá y mamá dinosaurios, que en ese tiempo eran dinosaurios adolescentes.

Con el transcurrir del tiempo, los jefes de familia no se atrevieron, por eso de las tradiciones sociales y culturales de antaño, a trasladar a los dinosaurios ya mayores de edad a un zoológico, y en consecuencia, les nació un dinosaurio chiquito, que al crecer, comenzó a causar destrozos por toda la casa por sus rabietas incontroladas y la única forma de calmarlos a los tres y hacer que controlaran al dinosauro chiquito –que por cierto se molestaba cuando se daba cuenta que tenía una verruga en la frente–, era echarle el cuento del meteorito.

Cuando los dueños de la casa les decían a los tres dinosaurios que ya venía el meteorito de la extinción, papá y mamá dinosaurio calmaban al dinosaurito, y se retiraban a dormir, hasta el otro día, cuando se repetía el mismo problema que nunca terminaba.

Por generaciones, la familia intentaba tener una vida normal, pero cada cierto tiempo tenían que cambiar todos los muebles y la cristalería, no sólo porque las rabietas de dinosaurito destruían todo, sino que papá y mamá dinosaurios con sólo moverse de un lado a otro de la casa retumbaban todo y no dejaban dormir a la familia y al barrio entero cuando roncaban.

Pero cuando uno de los hijos de la generación de 2028 les preguntó a los padres, que por qué no se deshacían de los tres dinosaurios, su padre le respondió que los dinos eran una herencia de la época de la Colonia y que a nadie de los antepasados se le había ocurrido salir de ellos porque las tradiciones culturales y sociales son muy importantes para la nación.

–El hijo pensó y calladamente pasó a la acción–.

–Un día se presentaron unos camiones y grúas gigantescas a la puerta de la casaquinta–.

–Ante la sorpresa y pregunta inquieta de sus padres–:

¡Hijo!, ¿qué es esto? ¿Qué estás haciendo? –

–El hijo, fiel representante de la generación del 28, pero del Siglo 21, le respondió–:

–Padre querido, tú y todos nuestros antepasados han sido fieles a las tradiciones sociales y culturales feudales, pero mira donde nos encontramos, es un completo desastre vivir así. Tenemos tres siglos viviendo con pesados dinosaurios en nuestra casa y esto tiene que terminar ya–.

–Pero hijo, ¿Qué va a pasar con los dinosaurios? –,

–Respondió el padre–.

–Pues a ellos nada malo les va a pasar, en cambio a nosotros nos pasará lo mejor del mundo porque finalmente vamos a ser libres para desarrollarnos y estar a tono con la modernidad–.

–Los dinosaurios van a ser dormidos con un potente somnífero y hoy mismo serán trasladados en esos gigantescos camiones carga super ancha y larga al puerto de La Guaira, desde allí saldrán por vía marítima con rumbo al Parque Jurásico, donde vivirán felices con otros dinosaurios europeos, rusos, chinos y de otros países latinoamericanos–.

Hoy es un día feliz, porque después de más de tres siglos, yo mismo decidí tomar las riendas de mi casa para beneficio no sólo de nuestra familia, sino de toda la ciudad, y del país entero porque nos vamos a deslastrar de los dinosauros que representan conceptos arcaicos que heredamos de nuestros antepasados–.

–Hoy vamos a desechar al sistema político económico medieval que no permitió que tú, nuestro querido padre, y todos nuestros antepasados, tomaran la decisión de cambiar y buscar un nuevo comienzo en nuestra casa–.


–Si queremos arreglar a Venezuela tenemos que comenzar por nuestra casa, sin más delaciones–.


–Ya verás padre querido, que en unos meses no extrañarás a los dinosaurios y te sentirás feliz de vivir en la modernidad–.


–Ahora sí que vamos a vivir en paz con nosotros mismos–.


–Respondió el hijo–.

 En esta narración figurada la familia humana es la sociedad; la casaquinta colonial es Venezuela; papá dinosaurio es el Estado que se volvió socialista, y mamá dinosaurio es la burguesía heredada de la edad media europea; el dinosaurito es el chavismo socialista que necesita de la Boli burguesía para seguir creciendo y que intenta comerse los recursos de Venezuela para parecerse al dinosaurio que vive en la isla de Cuba; y los padres de familia humana son la oposición colaboracionista, que permiten que la situación se perpetúe de generación en generación.

El meteorito pudiera ser la solución final, pero ello conllevaría la destrucción total de la familia humana.

Por ello, es que se deben sacar los dinosaurios fuera de la casaquinta para poder vivir en paz. El hijo representa la esperanza, valentía y la perseverancia de una generación que dirá –¡Ya basta! y luego de pensar, pasará a la acción, y emprenderá el necesario cambio de paradigmas, estructuras sociales, económicas y políticas que se merece la nación venezolana. 

Los padres de familia humana, es decir, la oposición colaboracionista, son los adultos de la casa que, en lugar de pensar y pasar a la acción, prefirieron dormir con el enemigo dentro de la casa y le dieron de comer todos los días durante más de veinte años. 

El meteorito representa la hecatombe que se pudiera producir, Dios no lo permita, si la tozudez humana no cede a la realidad de que las inversiones de dinero son todas capitalistas y que luego de haberse demostrado ampliamente que el socialismo significa miseria, insisten en anunciar que el socialismo salvará al país, cuando lo que se necesita es libertad para que el ingenio y perseverancia de la gente reemplace a la riqueza fácil del petróleo y su renta. Libertad, que el socialismo no puede ofrecer, porque no sabe lo que significa ser libres para producir riqueza. 

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